Monologo – Cinco derramas y un derrame cerebral
En mi comunidad de vecinos, de toda la vida el presidente ha sido
Paco el del ático. Aunque nadie le llama así. Le conocemos todos como
El Honrado, más que nada porque cada vez que encuentra un trabajo, él
lo devuelve. Tiene el tío menos días cotizados que Belén Esteban. Y no
me extraña, porque El Honrado siempre ha sido tonto perdido. Consideró
un éxito sacarse el DNI a la cuarta sin haber tomado clases teóricas.
Y es que jamás ha estudiado porque según dice, para qué esforzarse en
aprender nada, si al final, todo se sabe. Así que con el tiempo ha
conseguido una ignorancia enciclopédica, que abarca todas las ramas
del saber.
Como suele ocurrir en casos de gente con semejante currículo, el
tío es lo que se denomina un trabajador eléctrico: si no tiene un buen
enchufe, no dura mucho. Por eso, a nadie le cuadraba que aún así, El
Honrado viviera a todo tren. El menda lleva unos anillos de oro de a
kilo. Fundes uno y le pones cadenas a todo el público del Santiago
Bernabéu en un concierto de Camela. Tiene una limusina que pasa Kit,
el coche fantástico, y le pide a Michael que los deje a solas para
tirarle los trastos. Y el tío es un sibarita: en los restaurantes, si
le sugieren un vino de reserva, él lo pide titular…
Como viene siendo habitual, hace unas semanas se aprobó una nueva
derrama, esta vez para arreglar las cañerías. Y El Honrado hizo lo de
siempre: le compró una peluca y unas gafas nuevas a su primo para que
pareciera otra persona, le encargó la chapuza, y se repartieron el
presupuesto entre los dos. El primo es como él, un tío tonto que no es
capaz ni de oler un pedo debajo de una manta. Es de las personas que
cuando piensas que no pueden ser más bobos, van y te sorprenden. Y
como la sutileza no es su fuerte, la caja de herramientas la tenía
llena a partes iguales de martillos y botes de Betadine. De fontanería
obviamente no sabe nada, ni falta que le importa. Vamos, que es
totalmente de la escuela de Nadal, un maestro en la rotura de
servicios. Hasta un Gremlin tendría menos peligro que él trabajando de
fontanero…
Y como siempre que pasa igual, sucede lo mismo, media hora después
de que el fontanero empezara a liarse a martillazos como un enajenado,
por el portal salía agua que aquello parecía el delta del Mekong. Y
cuando llamamos a El Honrado diciendo que la planta baja era como una
plantación de arroz, el tío bajó corriendo como alma que lleva el
diábolo, entró en un cuarto y salió con unas bolsas de basura hacia su
casa.
Nos quedamos todos los vecinos bastante sorprendidos, porque si
bien en estos tiempos de crisis no es extraño que la gente en vez de
bajar la basura, la suba, le daba cierto toque curioso el hecho de que
las hubiera sacado del cuarto de contadores y que estuvieran llenas de
billetes de 100 euros… Cuando le preguntamos por el dinero, él se
encogió de hombros, gesto para el que El Honrado está particularmente
bien dotado. Pero todos lo entendimos perfectamente: el muy cabrón se
había comprado una vida llena de lujos y la había cargado a la cuenta
de la comunidad.
Chelo, la del quinto, que siempre está libre, pero no precisamente
de pecado, fue quien le tiró la primera piedra que cogió de entre los
escombros. Y como el comer y el fostiar, todo es empezar, le
terminaron dando entre todos los vecinos una paliza de dos rombos. El
del bajo, que sabe kárate, judo, aikido, jiujitsu… y muchas otras
palabras japonesas, cogió un bate de béisbol y se lo metió por el
culo. No fue quizá un acto de lo más correcto, pero sí que fue de lo
más justo… de hecho, tan justo iba, que hasta un comprensivo vecino
trajo vaselina al oír los gritos que pegaba El Honrado. El del bajo
hizo varios intentos y haciendo caso omiso de los avisos de la
presidencia, al final se lo clavó hasta la bola sin necesidad de
recurrir al descabello…
Quizá nos excedimos con El Honrado, pero el caso es que se
recuperó parte del dinero estafado y seguidamente se echó a suertes
quién sería el próximo presidente de la finca. Y ganó el del bajo, que
tenía la suerte de practicar también el golf y tener un completo juego
de palos a mano. Porque lo que es el bate, se le había quedado tan
encajado en el culo a El Honrado, que el que consiga sacárselo de ahí,
tendrá mucho más mérito que el que tuvo el rey Arturo cuando sacó a
Excálibur de la piedra.
En fin, esperemos que el nuevo presidente no sea un corrupto.
Aunque cada vez estoy más seguro de que lo único que queda incorrupto
en este mundo, son las bragas de Santa Teresita. Porque ya se sabe: si
no hubiera malas personas, no habría buenos abogados…







































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